La lana merina española
La lana merina fue una industria importante en España desde la Edad Media hasta principios del siglo XIX. El pastoreo migratorio o trashumante era una adaptación ideal al entorno español. La mayor parte de la tierra era apta para el pastoreo y los movimientos estacionales del ganado complementaban las demandas de la agricultura sedentaria.
El terreno montañoso de España y la limitada navegabilidad de sus ríos fomentaron un uso complementario de la tierra entre el pastoreo y la agricultura. Por ejemplo, la esquila de las ovejas se realizaba en los meses en que los campos y los cultivos necesitaban menos atención. La topografía montañosa dificultaba el movimiento de bienes, por lo que se priorizaba mover aquellos que se transportaban fácilmente o, mejor aún, los que se desplazaban por si mismos, como el ganado.
Históricamente, entre un tercio y la mitad de los millones de ovejas que había en España realizaban migraciones de largo recorrido a lo largo del año desde los pastos invernales en las zonas más cálidas de España, principalmente en el sur, hasta los pastos estivales en las zonas más frescas, principalmente en el norte. Según la tradición, el desplazamiento estacional de los rebaños mantenía una combinación saludable de temperatura, luz, humedad y nutrición para las ovejas merinas, condiciones que favorecían el crecimiento constante y la finura de su lana.
Según una estimación oficial de mediados del siglo XVIII, 25 000 hombres se dedicaban al pastoreo de ovejas en España. Si se tienen en cuenta las tareas relacionadas con el suministro, la esquila, el lavado, el embalaje, la venta y el transporte, se puede afirmar que la producción de lana merina involucraba a casi todos los estratos de la sociedad española y a todos los aspectos de la economía. Castilla dominaba la industria, pero Córdoba-Sevilla y Cáceres-Badajoz eran los centros merinos de Andalucía y Extremadura, respectivamente.

Varios factores disminuyeron la producción de lana merina en España. En primer lugar, a finales del siglo XVII se empezó a vender ovejas merinas fuera de España para aumentar los ingresos de la Corona. Francia fue un cliente importante y, más tarde, lo fue también Estados Unidos. Estas ventas rompieron el monopolio español sobre la lana merina. Las guerras napoleónicas (1808-1814) destruyeron los rebaños. Los ejércitos se alimentaron de los animales y la prolongada guerra interrumpió el pastoreo y arruinó los campos y los pastos. Finalmente, un influyente movimiento intelectual con sede en Francia, conocido como los fisiócratas, promovía la idea que la agricultura era la única fuente de verdadera riqueza de una nación, y convencieron a los responsables políticos de que las tierras agrícolas cerradas y de propiedad privada eran la clave de la prosperidad de una nación y que el pastoreo desperdiciaban recursos. Con el tiempo, los métodos de cría de animales permitieron mantener más ovejas en menos hectáreas. Hoy en día, Madrid acoge un Festival de la Trashumancia durante el cual miles de ovejas recorren el centro de la ciudad, en reconocimiento a la época en que era la capital de la venta de lana y para destacar la importancia que sigue teniendo la ganadería y agricultura para el país.
El pastoreo, la geografía y Andalucía

Principal sheepwalks of Spain, 1500-1800 Image Credit: Phillips and Phillips, Spain’s Golden Fleece (1997), p. 102.
Desde 1273 hasta 1836, la Mesta, una organización con carta real, reguló el pastoreo de ovejas en España. La Mesta supervisaba cuatro rutas principales o cuadrillos de trashumancia ovina, con sus sedes en León, Soria, Segovia y Cuenca. Pocos rebaños recorrían menos de 450 kilometros en una temporada, y la Mesta supervisaba el mantenimiento de las cañadas, cobraba tasas por el paso y el pastoreo y defendía los intereses de los productores de lana en el Cortes. El cuadrillo occidental de Soria atravesaba el segmento nororiental de la provincia de Córdoba, a través de un paso en la Sierra Morena que linda con la Meseta central española. Esta ruta pasaba por las localidades de Belalcázar y Villanueva de Córdoba. Pozoblanco, situada a medio camino entre estas dos localidades, producía textiles de lana desde la Edad Media. En el siglo XVIII, los trabajadores textiles de la zona eran en su mayoría mujeres. Los nombres de las localidades cercanas, como Fuente Obejuna, también reflejan la presencia histórica de las ovejas migratorias en Córdoba. El uso del esparto, que crece en Andalucía, para fabricar cuerdas, cestas y sandalias utilizadas por los pastores estaba muy extendido dentro y fuera de la región.

Esparto grass and rope on display in the Jardín Botánico de Albardinal (Rodalquilar, Spain) Image Credit: Kenraiz Krzysztof Ziarnek (source: Wikimedia Commons)
La mayor parte de la ganadería y la producción de lana en la provincia de Córdoba funcionaba a nivel local, fuera del ámbito de competencia de la Mesta. La diócesis de Córdoba controlaba una zona reconocida para el pastoreo de rebaños, conocida como ganado travesío. La ciudad de Córdoba es justamente famosa por sus trabajos en cuero, pero quedan pocos registros sobre el número y la extensión de la ganadería antes del siglo XIX. Las pruebas sugieren que las ovejas fueron el animal más importante de la economía regional. A principios del siglo XVI, Córdoba era un importante centro de venta de lana, bajo del un grupo de comerciantes con sede en Burgos. Entre los siglos XVI y XIX, cada año se esquilaba entre 1 y 3,5 millones de animales y se lavaba su lana en el río Guadalquivir. La esquila y el lavado se concentraban en la zona entre Córdoba y Sevilla, siendo el puerto de esta última ciudad un punto clave para la exportación de lana. Miles de carreteros de las localidades ribereñas transportaban la lana lavada al puerto de Sevilla, con bueyes o mulas tirando de cargas de hasta seis fardos que pesaban alrededor de 800 kg.
El trabajo de trasladar ovejas y lana implicaba la cooperación entre animales y personas. Todos los rebaños se desplazaban para alimentarse y para que se les esquile la lana. Dentro de un rebaño, cada grupo de entre 1000 y 1500 ovejas se consideraba un rebaño supervisado por un pastor (rabadán) y su segundo al mando (compañero). Los rebaños requerían hasta tres ayudantes más (ayudadores) y, por lo general, un muchacho más joven (zagal) que cuidaba de las mulas, los caballos, etc. En cada rebaño, un pequeño grupo de ovejas macho castradas (mansos en español o wethers en inglés) llevaban un cencerro y caminaban al frente del rebaño. El rebaño aprendió a seguir el sonido de la campana.
![A shepherd and his flock on [the] plains [of] Andalusia, Spain (1908) A shepherd and his flock on [the] plains [of] Andalusia, Spain (1908)](https://libros-del-terrible.com/wp-content/uploads/2026/01/library-of-congress-shepherd-possible-crop.jpg)
A shepherd and his flock on [the] plains [of] Andalusia, Spain (1908) Image Credit: Library of Congress
Las tradiciones ganaderas trashumantes españolas consideraban a las ovejas merinas como autóctonas de las montañas. Las ovejas y los carneros se mantenían en rebaños separados hasta la temporada de cría a finales del verano. Los corderos nacían en las llanuras, entre noviembre y diciembre. El pastoreo invernal terminaba el 25 de abril, el Día de San Marcos. Para entonces, los corderos ya tenían la fuerza suficiente para emprender el viaje con los rebaños de vuelta a las montañas. Las ovejas podían esquilarse en cualquier momento, pero normalmente la esquila se realizaba durante los periodos de calma de la temporada agrícola. Los trabajadores agrícolas cerca de las cañadas se encargaban de esquilar y lavar la lana a cambio de una remuneración. La mayoría de estos trabajadores eran hombres; las mujeres se encargaban de limpiar y recoger las vedijas, barriendo la lana de las patas y los mechones sueltos que no se vendían. La esquila podía durar hasta un mes o más, dependiendo del tamaño del rebaño. Las ovejas recién esquiladas se encontraban en su estado físico más vulnerable. Los pastores tenían que mantenerlas calientes, secas y en movimiento para que llegaran a sus pastos de verano en buen estado de salud, capaces de reproducirse. El año de pastoreo comenzaba el 29 de junio, el Día de San Pedro, cuando se redactaban o renovaban los contratos y el ciclo comenzaba de nuevo.
Pastoreo y minería

Statue in honor of the shepherd dog, Terrible, credited with a coal strike in the Sierra Morena in Cordoba province in the 1840s Image Credit: Statue “Terrible” by Francisco Alcalde Núñez (1999). Photographed by the author.
Andalucía ha sido cuna de la minería desde la época romana (19 a. C.-418 d. C.). La región poseía plata, cobre y, lo más famoso, mercurio justo al noreste de la provincia de Córdoba, en Almadén. Antes del siglo XIX, Córdoba era conocida por la plata y el cobre. Las poblaciones rurales dedicadas al pastoreo trashumante incorporaban periodos de trabajo en las minas a sus ciclos estacionales. Después del descubrimiento de carbón y plomo en Córdoba a mediados del siglo XIX, los trabajadores rurales se sintieron atraídos por la zona en número cada vez mayor. Algunas familias se establecieron como residentes durante todo el año, pero muchas otras visitaban la zona estacionalmente, trayendo consigo sus ovejas, cabras o cerdos y durmiendo en chozas o cabañas cerca de las minas. La villa de Pueblonuevo del Terrible comenzó como un campamento minero cuyos residentes presionaron para obtener el estatus de municipio en la década de 1880. Los vecinos construyeron la ciudad y la defendieron heroicamente mediante huelgas para mejorar las condiciones laborales y la construcción de una iglesia y viviendas cooperativas para apoyar a la comunidad.
Pueblonuevo del Terrible fue nombrado por el perro pastor «Terrible» que descubrió un yacimiento de carbón en la superficie en la década de 1840. Desde ese momento, el pueblo prosperó durante unos 100 años. Una empresa minera francesa dominó la extracción de carbón y plomo en el noroeste de Córdoba hasta 1980. Cuando cesó la actividad minera y la empresa se marchó, la población se redujo por mitad. En 1998 se erigió una estatua del perro Terrible en la plaza del pueblo, que conmemora el rico patrimonio laboral de la zona y destaca la interdependencia entre los seres humanos, los animales y el medio ambiente en Sierra Morena.
Spain’s Merino Wool
Merino wool was a major industry in Spain from the Middle Ages through the early nineteenth century. Migratory or transhumant herding was an ideal adaptation to the Spanish environment. Most land was suited to pasturage and the seasonal movements of livestock complemented the demands of settled agriculture.
Spain’s mountainous terrain and the limited navigability of its rivers encouraged complementary land use between herding and farming. For example, sheep shearing took place in months when fields and crops needed the least attention. Topography fostered a premium on goods that could be easily moved or better yet move themselves, such as livestock.
Historically, about 1/3 to 1/2 of Spain’s millions of sheep engaged in long-range migrations during the year from winter pastures in the warmer parts of Spain, mostly in the south, to summer pastures in the cooler parts, mostly in the north. Tradition held that the seasonal movement of flocks maintained healthful combinations of temperature, light, humidity, and nutrition for Merino sheep, conditions which fostered the consistent growth and fineness of their fleece.
According to an official estimate from the mid-eighteenth century, some 25,000 men were involved in Spanish sheep herding. When the related tasks of supplying, shearing, washing, packing, sales, and transport are considered, it is fair to say that Merino wool production involved nearly all ranks of Spanish society and all aspects of the economy. Castile dominated the industry but Cordoba-Seville and Caceres-Badajoz were Merino hubs in Andalusia and Extremadura respectively.

After 1700, the Spanish Merino was bred outside of Spain, notably in France and the United States Image Credit: Vermont Historical Society
Several factors diminished Merino wool production in Spain. First, Merino sheep began to be sold outside of Spain in the late seventeenth century to raise revenue for the Crown. France was a major customer and, later, the United States. These sales disrupted Spain’s lock on the breed. The Napoleonic Wars (1808-1814) destroyed flocks. Armies ate the animals for meat and protracted warfare disrupted herding and ruined fields and pasturage. Finally, an influential intellectual movement based in France known as the Physiocrats persuaded policy makers that enclosed, privately held farmed land held the key to a nation’s prosperity and that herding and grazing wasted resources. Over time, improved animal husbandry methods enabled the support of more animals on fewer acres. Today, Madrid hosts a Festival of Transhumancia during which thousands of sheep are walked through downtown, in recognition of the time when the city was the capital of wool sales and to mark the ongoing importance of herding and agriculture to the country.
Herding, Geography, and Andalusia

Principal sheepwalks of Spain, 1500-1800 Image Credit: Phillips and Phillips, Spain’s Golden Fleece (1997), p. 102.
From 1273 to 1836, the Mesta, a royal charter organization, regulated sheepherding in Spain. The Mesta oversaw four major routes or cuadrillos of transhumant sheep herding, whose seats were León, Soria, Segovia, and Cuenca. Few flocks traveled less than 300 miles in a season, and the Mesta oversaw the maintenance of sheepwalks (cañadas), collected fees for passage and grazing, and advocated for wool producers at court. The western Sorian cuadrillo passed through the northeastern segment of Cordoba province, through a pass in the Sierra Morena abutting Spain’s central Meseta. This route involved the towns Belalcázar and Villanueva de Cordoba. Pozoblanco, located half way between these two towns, produced woolen textiles starting in the Middle Ages. By the eighteenth century, textile operatives there were mostly women. Nearby town names, like Fuente Obejuna—which means “sheep fountain”—also mark the historic presence of migrating sheep in Cordoba. The use of esparto grass, which grows in Andalusia, for rope, baskets, and sandals used by shepherds was widespread within and beyond the region.

Esparto grass and rope on display in the Jardín Botánico de Albardinal (Rodalquilar, Spain) Image Credit: Kenraiz Krzysztof Ziarnek (source: Wikimedia Commons)
The bulk of herding and wool production in Cordoba province functioned locally, outside the purview of the Mesta. The diocese of Cordoba controlled a recognized area for grazing flocks, known as ganado travesío (traversing livestock). The city of Cordoba is justly renowned for its leatherworks, but few records remain as to the numbers and extent of cattle raising before the nineteenth century. Evidence suggests that sheep were by far the most significant animal in the regional economy, involving millions of animals. Around the turn of the sixteenth century, Cordoba was a notable hub of wool sales, led by a merchant group based in Burgos. In the centuries 1500-1800, between 1 million and 3.5 million animals were shorn and had their wool washed in the Guadalquivir River every year. Shearing and washing clustered in the area between Cordoba and Seville, with the latter’s port serving as a key shipping point for wool export. Thousands of carters from river-bank towns hauled the washed wool to the port of Seville, with bullocks or mules pulling loads of up to six bales which weighed about 1,800 pounds.
The work of moving sheep and wool involved cooperation between animals and people. All flocks moved in order to eat and to have their wool shorn. Within a herd, every group of 1,000-1,500 sheep was considered a flock (rabaño) overseen by a shepherd (rabadán) and his second in command (compañero). Flocks required up to three more helpers (ayudadores) and, typically, a younger boy (zagal) who cared for the staff’s personal animals. In each flock, a small handful of neutered male sheep (mansos in Spanish or wethers in English) wore a bell and walked at the front of the flock. The flock learned to follow the sound of the bell.
![A shepherd and his flock on [the] plains [of] Andalusia, Spain (1908) A shepherd and his flock on [the] plains [of] Andalusia, Spain (1908)](https://libros-del-terrible.com/wp-content/uploads/2026/01/library-of-congress-shepherd-possible-crop.jpg)
A shepherd and his flock on [the] plains [of] Andalusia, Spain (1908) Image Credit: Library of Congress
Spanish transhumant herding traditions regarded the Merino sheep as native to the mountains. Ewes and rams were kept in separate flocks until breeding season in late summer. Lambs were born on the plains, between November-December. Winter grazing ended on April 25, the Día de San Marcos. By then, the lambs were strong enough to make the journey with the flocks back to the mountains. Sheep could be shorn at any point but typically shearing took place during lulls in the agricultural season. Farm workers along the cañadas did the shearing and washing of the wool for pay. Most of these workers were men; women did clean up and gleaning, sweeping up leg fleece and loose tufts of wool that would not be sold. Shearing could last up to a month or more, depending on the size of the herd. Freshly shorn sheep were in their most vulnerable physical state. Shepherds had to keep them warm, dry, and moving so that they arrived at their summer pastures in good health, able to breed. The herding year began on June 29th, the Día de San Pedro, when contracts were written or renewed and the cycle began again.
Herding and Mining

Statue in honor of the shepherd dog, Terrible, credited with a coal strike in the Sierra Morena in Cordoba province in the 1840s Image Credit: Statue “Terrible” by Francisco Alcalde Núñez (1999). Photographed by the author.
Andalusia has been home to mining since Roman times (19 BCE-418 CE). The region held silver, copper and, most famously, mercury (just over the northeastern border of Cordoba province at Almadén). Before the nineteenth century, Cordoba province was known for silver as well as copper. Rural populations engaged in transhumant pastoralism incorporated stints in the mines into their seasonal rounds. Once coal and lead were discovered in Cordoba in the mid-nineteenth century, rural workers were drawn to the area in increasing numbers. Some families settled in as year-round residents but many visited seasonally bringing their sheep, goats, or pigs with them and sleeping in chozas or huts near the mines. The village of Pueblonuevo del Terrible began as a mining camp whose residents lobbied for town status in the 1880s. Vecinos (neighbors) built up the town and defended it heroically by waging strikes to improve labor conditions and by building a church and cooperative housing to support the community.
Named for the shepherd’s dog “Terrible” that discovered a surface strike of coal in the 1840s, Pueblonuevo del Terrible flourished for about 100 years. A French mining company dominated coal and lead extraction in NW Cordoba until 1980. When mining ceased and the company moved away, the population shrank in size. A statue to the dog Terrible was erected in the town plaza in 1998, marking the rich heritage of labor in the area and highlighting the interdependence of humans, animals, and the environment in the Sierra Morena.
Sources
Edwards, John. Christian Córdoba: The City and Its Region in the Late Middle Ages. Cambridge, UK: Cambridge University Press, 1982.
Essary, Tyler. “Thousands of Sheep Walk Through the Streets of Madrid,” TIME (24 October 2016). https://time.com/4543025/sheep-madrid-fiesta-de-la-transhumancia/ (viewed 30 Nov 2025).
Fisher, W. B, and Howard Bowen-Jones. Spain: An Introductory Geography. New York: Praeger, 1966.
Garrido-González, Luis. “El Trabajo Remunerado de La Mujer En El Siglo XVIII. Los Casos de Los Contratos Femeninos En La Industria Textil de Andalucía (España) de Laujar de Andarax (Almería) y Úbeda (Jaén).” Trabajos y Comunicaciones (Ensenada), no. 50 (2019).
Perles Roselló, María Jesús and Matías F. Mérida Rodríguez, El Medio Físico Andaluz: El Relieve. Malaga: Editorial Sarriá, 2000.
Phillips, Carla Rahn and William D Phillips. Spain’s Golden Fleece: Wool Production and the Wool Trade from the Middle Ages to the Nineteenth Century. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1997.|
Schechter, Patricia A. El Terrible: Life and Labor in Pueblonuevo, 1887-1939. London: Routledge Press, 2024.


